






Indicada en mi libro The Motion Picture Prescription (Gary Solomon) estaba y la he tomado en una sola dosis. Es un poema -no, viene en forma de película- llamada On Golden Pond y es del año 1981.
Intensa. Intensamente hermosa. En temas, en poesía, intensa en actuaciones, intensa en recuerdos, silencios y sonidos interiores, en resonancias.
El Dr. Solomon la recomienda para las personas que deseen explorar temas como viejos conflictos con los padres, dificultades para comunicarse y abrirse ante un ser muy querido e
importante, a plena conciencia del paso del tiempo... Entre otros "temas de sanación" sugeridos por este amable doctor de películas.
On Golden Pond es conmovedora y es un espejo de la vida, entre otras cosas, porque nos pone a ser testigos de ese misterioso, complejo, noble músculo que entre dos se forma cuando se ha compartido toda una vida juntos. Ver a Henry Fonda y Katharine Hepburn acoplados prácticamente a la perfección como personajes y como artistas, te llena el alma de espectador de orgullo por la vida y por el cine.
No siendo conocedora de las epocas doradas de estos grandes actores, tan sólo pude recordar en la mirada de Henry Fonda anciano la intensidad que le vi hace un par de años en
mi DVD de Las Uvas de la Ira (The Grapes of Wrath, de 1940). Y no pude sino admirar, con un espontáneo y súbito afecto, a una fuerte, serena, alegre anciana Hepburn, arrancando su bote de motor fuera de borda, así no más ...
Cuánto cine me espera allá por esos años ... Cuánto por rebobinar.
P.D. Un momento. ¿Como es posible que Katharine Hepburn y Henry Fonda le dieran permiso a Billy de 13 años para pasear solo en esa lancha por el lago?
Misterios de las películas. Pero me alegra que lo hicieran porque la escena de Bill solito, acelerando por ese lago adentro, haciendo piruetas en esa lancha es un momento demasiado sabroso, tanto que provoca volver a tener esa edad y saber manejar una lancha y tener unos abuelitos tan consentidores que no sólo tienen una casa en el lago sino también lancha y se la prestan a uno un rato...
Con placentera conclusión termina mi domingo. No sé si existen o no las coincidencias pero qué casualidad que una mano afanosa corrigiera la "grilla" de Enero del Celarg y encima de la casilla donde decía "Un lugar lejano" de José Ramón Novoa (la película que me proponía ver) pegaran un papelito que decía "Venezzia" de Haik Gazarian. Casualidad, pues porque hoy por la mañana saqué un postergado DVD obsequio de mi hermana titulado "Closing the Ring" y después por la tarde me sale "Venezzia"(?)
Ambos relatos centrados en mujeres que encontraron el amor de su vida en soldados estadounidenses. Dos mujeres de una misma época histórica (la Segunda Guerra Mundial), una en Michigan y otra en la costa venezolana! No entraré acá en consideraciones de calidad ni de distancias actorales y producción; ambas películas captaron mi interés, por razones y temas muy diferentes. Y me divierte el hecho de haber visto las dos -por casualidad- en un mismo día.
Encuentro interesante que sin complejos un director venezolano se atreva a plantear en Venezzia una historia de espías y submarinos nazis al calor de unos tambores de carnaval, huevos pericos, caraotas negras, arepas, hallacas, selva, playa y... petróleo. El mismo ha dicho que quiso presentar una postal de nuestro país (y la comida, su preparación en curados sartenes negros, me recordó una alegre y colorida escena de cocina de La Virgen Negra). Según se afirma en Venezzia, 60% del petróleo de los aliados en WWII fue proporcionado por Venezuela.
Venezzia ha sido elogiada einsultada por "disparatada"."Closing the Ring"también parece haber encantado y desalentado a los críticos.
Me parece que Closing... es definitivamente un relato muy sensible sobre el tema del duelo, pero del tipo de duelo que nunca se ha querido conversar ni afrontar, de su dureza y su permanencia, del dolor suspendido que inutiliza y atrofia la vitalidad de un ser humano y termina impactando severamente la propia vida y la de los seres más cercanos.
Una ráfaga de mucha vida, color y movimiento le aporta el personaje de "Jimmy" como el desenterrador del anillo y desinhibido enlace entre dos épocas, en lo que termina siendo alguna posibilidad de esperanza de liberación y alivio para la anciana protagonista. Una mujer que suprimió sus afectos y se autoexcluyó prácticamente de los pesares y alegrías de la vida.
Dos historias impactadas y rasgadas por una misma guerra, pero donde sus protagonistas toman decisiones radicalmente distintas que les permitirán aferrarse al pasado o moverse hacia el futuro. Enfoques, el de una y el de la otra, para nada parecidos, que les permitirán disfrutar o no de la vida, después de un mismo dolor y pérdida.



Playa del Futuro (Peter Lichtefeld, 2005) me la obsequió mi hermana. Hoy Domingo la ví y puedo decir que le podría gustar a muchas personas, espero, pero especialmente le gustará a todo el que tenga entre sus pasatiempos ser un espectador-pescador: es una oportunidad cinematográfica confeccionada con creatividad para hablar sin estridencias, con el silencio incluso. Una peli que se siente inspirada en el afecto personal por situaciones o lugares específicos y experiencias cercanas al corazón de quien la concibió o llevó a cabo. De alguna manera eso se percibe en momentos contemplativos de la peli, intercalados aquí y allá, para nuestra alegría :-)
Personalmente me parece que por el lado de los temas que presenta y explora es donde se halla buena parte de su fortaleza; pero igualmente, es una película que disfruté porque gracias a su estilo narrativo, el protagonismo no pertenece a ningún personaje o grupo en particular sino que todo funciona como un agradable concierto donde en un determinado momento, cada instrumentista se aferra a su pequeño turno de hacer una "descarga" (así le decimos en Venezuela :-) y lucirse pues, ante un público ansioso de ver qué tiene cada virtuoso por dentro y qué tiene para mostrar. En Playa del Futuro, este estilo de contar permite que el efecto global sea equilibrado, con personajes que son personas de carne y hueso que logran tocarnos de alguna manera con su individual, única y revelada muestra de arte, impulso y actitud. Todos participan, todos son comensales en una mesa en la que uno participa también si quiere y se disfruta adivinando, o intentando adivinar, rápidamente en sus rostros de dónde pueden venir y/o hacia dónde quieren ir.
El ambiente geográfico es desértico y es hermoso, callado y dispuesto a recibir, y a veces parece un "decorado" inmóvil, encuadrado de manera amplia para terminar enfocándonos en la persona que lo transita y que lleva un sueño concreto en el momento, detrás del cual se mueve con decisión y con pasión.
A los pescadores de temas, qué tal éstos:
Sueños idealizados de la juventud que, aparentemente muertos, nos han mantenido vivos; la madurez entendida como una nueva oportunidad real de encontrar un sentido profundo a la vida; la honestidad en las relaciones -incluida la relación con uno mismo- como la mejor política, como dicen; el eterno movimiento y cambio de la vida, el secreto de la realización personal como una combinación de experiencia-conciencia-actuación oportuna, sin olvidar un importante aderezo: el movimiento y la intemporalidad como una de las pocas cosas verdaderamente verdaderas...
¿Qué tal? Eso fue algo de lo que pude pescar en mi primera visita a Playa del Futuro, que me hizo sonreír genuinamente más de una vez, particularmente al recordar algo de la película La Fiesta de Babette, que tanta felicidad me dio un día en el Ateneo de Caracas, y de la novela de Joanne Harris "Coastliners", ésta con sal y mar de verdad verdad :-)
Como Playa del Futuro es una película que resuena de muchas maneras, invita a seguirla viendo para pescar más sorpresas. Espero hacerlo en algún momento pronto.











No soy particularmente una fan de las películas bélicas pero les recomiendo La Chaqueta Metálica (Full Metal Jacket, 1985 - Stanley Kubrick) a todas las personas interesadas en el tema de Vietnam y, en general, a quienes les atrae el tema de la guerra y de la vida militar.


